La metacognición es la capacidad de observar el propio pensamiento. Al trabajar con IA toma la forma de una disciplina cognitiva: reconocer cuándo la herramienta apoya el razonamiento y cuándo lo está reemplazando, y saber cuándo no usarla. La investigación sobre autorregulación advierte que planear, monitorear y corregir el propio aprendizaje puede volverse una tarea compartida entre la persona y la herramienta, lo que exige enseñar a conservar esa regulación en lugar de cederla.
Una opción de diseño es intervenir en el instante en que se delega, con pausas que preguntan qué está haciendo la herramienta y qué necesita comprobarse, en vez de añadir solo una advertencia genérica al final. Su pérdida gradual recibe el nombre de Deriva metacognitiva; la Pereza metacognitiva es una expresión de origen experimental para una disminución de esa atención. Las cuatro acciones de formular, contrastar, decidir y responder concretan la disciplina cognitiva en una actividad.
