Cuando una docente o un estudiante necesita que una herramienta de IA realice una tarea delimitada, puede recurrir a la ingeniería de prompts, o diseño de instrucciones: escribir, probar y corregir lo que se pide. Para una tarea sencilla puede bastar una frase directa: «Resume este párrafo en dos oraciones sin añadir datos». Una tarea más compleja puede necesitar el texto inicial, la audiencia, límites, ejemplos o un formato de respuesta. Lo que se escribe es un Prompt o instrucción.
Por ejemplo: «Compara esta introducción con los tres puntos de la rúbrica. Señala una omisión y explica dónde la detectaste. No reescribas el texto». La respuesta todavía debe revisarse contra la introducción y la rúbrica.
Una instrucción clara puede reducir respuestas irrelevantes, pero no garantiza exactitud ni elimina información inventada. Tampoco sustituye el acceso a fuentes, la recuperación de documentos o la comprobación final. Si el resultado falla porque falta información, hay que añadir el material necesario; si falla porque la afirmación es falsa, hay que contrastarla fuera de la herramienta.
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