La declaración de uso de IA se ha vuelto obligación de quien es evaluado y cortesía opcional de quien evalúa. Mientras esa asimetría persista, la transparencia funcionará como control y no como norma compartida.
La IA generativa obliga a revisar qué evidencia permite valorar aprendizaje; la autenticidad ofrece criterios situados, no una receta inmune a la automatización.
Pensar el par persona-IA con Deleuze y Guattari permite ver lo que las metáforas instrumentales esconden: una máquina productiva que genera algo nuevo.
Los marcos curriculares confunden con frecuencia ambas preguntas y producen programas que cumplen una a costa de la otra. Este ensayo separa ambos planos y propone cómo articularlos.